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Entiendo su lenguaje

 

¡Los bebés son grandes comunicadores! Yo no creía que siendo tan pequeños fueran capaces de transmitir tantas cosas. Yo solía decir virilmente a mis amigos: “hasta que un niño no anda y no habla no me interesa mucho”. ¡Y, lo cierto, es que mi pequeño y yo tenemos muchas cosas que contarnos!

Martes, Mayo 10th, 2016

Risas, llantos, ajos... cuando el bebé se comunica, ¡lo entiendo casi todo! Tuve que tropezar unas cuantas veces (darle más biberón creyendo que tenía hambre, hacerle reír y excitarlo justo antes de acostarlo, olvidarme de las palabras malsonantes y obligarme a decir “demonios”...) para entender que el bebé tiene mil recursos para interactuar conmigo y que todo es lenguaje. ¡Un descubrimiento para él y también para mí! ¡Así fue como aprendí a descifrar las reivindicaciones del bebé! Creo que ya empiezo a entender el lenguaje de mi bebé...

 

El bebé llora... ¿Se encuentra mal?

Al principio, no sabía diferenciar los llantos. Ahora conozco todo su repertorio: cansancio, hambre o ansiedad al anochecer, lo controlo todo. Y no sólo eso. He aprendido algunos trucos para calmarlo: le hablo de mi día en el trabajo y de mis colegas, de su prometedor futuro, del último partido de fútbol.

Además, tengo algunos trucos personales: pasearlo en el carrito o acunarlo acurrucado en mis brazos, ¡eso funciona siempre!

Y como soy un marido modelo, comparto las tareas con mi mujer. ¿Quién se levanta en plena noche para tranquilizarlo después de una terrible pesadilla? ¡Papá! Sin embargo, debo reconocer que muchas veces no le oigo...

 

El bebé se ríe: mi fama como humorista me precede

Los primeros grandes momentos que he compartido con mi pequeño son las sonrisas. La sonrisa angelical, la sonrisa cómplice, la sonrisa juguetona... y a partir de los 4 meses, ¡las carcajadas!

Tengo trucos infalibles para hacerlo reír: las muecas, los besos por todo el cuerpo como si fuera a comérmelo y, de vez en cuando, cantar haciendo el ganso agitando las manos. También jugamos a los títeres, a la hormiguita que sube por la patita, al escondite detrás de una toalla, al menos cinco veces seguidas... Y a veces más, porque se desternilla. La mayoría de las veces se cansa él antes que yo.

 

¡El bebéy yo nos entendemos!

Cuando estaba en la barriga de su madre ya le hablaba y ahora no hemos hecho más que retomar nuestras charlas. Cuando juego con el sonajero le hablo del sonajero, cuando le pongo los zapatos le hablo de zapatos. Sé que mi voz lo estimula y le hablo todo el rato. Él me entiende y yo le entiendo también. Basta con esforzarse un poquito para entender el lenguaje del bebé.

Ahora conozco las diferentes fases del lenguaje: el balbuceo, la mímica, las primeras palabras, las primeras frases. Me acordaré toda la vida de la primera vez que me dijo “papá”. No pude evitar dejar caer una lagrimita.

Y después llega la fase del no: como todos los padres, no pude escapar. ¡Le enseñé que yo mandaba! O por lo menos lo intenté...

Y como soy su modelo e imita todo lo que hago, aprovecho para enseñarle frases que son divertidas cuando las repite en público: ¡Vaya Tela!” o “Incluso el árbol más grande nace de una pequeña semilla” (una cita de Lao-Tsé que siempre queda bien).


"¡VENGA, PAPÁ!" “Recuerdo que el día que volvimos a casa del hospital le hice una ruta por toda la casa al bebé hablándole de cada habitación y de cada objeto. Seguro que más de uno piensa que estoy loco, pero estoy seguro de que a mi pequeño le encanta que le explique todas estas cosas."

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