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Cuentos populares

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Los cuentos que tanto gustan a los "mayores" están repletos de enseñanzas sobre los bebés y nuestra relación con ellos. Abundan los temas sobre la alimentación y, tras ciertos relatos fantásticos de apariencia ingenua, se esconde en realidad sabiduría... Lo veremos con un ejemplo de Hansel y Gretel.

Lunes, Mayo 9th, 2016

Relatos maravillosos con héroes ejemplaresHay cuentos populares para bebé que se los hemos leído decenas de veces a nuestros hijos porque éstos nos los reclaman cada semana hasta conocer el más mínimo detalle, el más mínimo diálogo y la más mínima ilustración. Se trata de historias aterradoras, originales, asombrosas y divertidas que no temen lo más mínimo a la competencia que suponen los sofisticados efectos especiales de las grandes películas.

 

Los cuentos ponen en escena y domestican los terrores más habituales: miedo a la oscuridad, miedo a lo desconocido, miedo a perderse, miedo a la separación, miedo a la pérdida de un padre, miedo al abandono... Los cuentos tranquilizan y acompañan a los niños mostrándoles cómo héroes ingeniosos, usando recursos inesperados en las peores situaciones, desarrollan una enorme audacia ante enemigos desproporcionados. La valentía de Jack ante el ogro que vive en el país de las judías mágicas, la ingeniosidad de Pulgarcito, que salva a sus hermanos de los cuchillos y los dientes afilados del ogro (¡ otro más!) o el coraje y la solidaridad de Hansel y Gretel para escapar de la bruja: un sinfín de pequeños héroes que triunfan frente al apetito monstruoso de personajes abominables que intentan comérselos. Muy a menudo, los niños de estos cuentos se aseguran al mismo tiempo una alimentación que sus padres ya no podían procurarles. Así pues, no sólo no acaban como alimento de los ogros sino que además salvan a sus familias del hambre. Frente al brutal hambre (de los ogros) y a la cruel desesperación (de sus padres), los niños responden con inteligencia y generosidad.

 

Cuentos que nos hablan sobre todo de comer y ser comidos

La mayoría de estos  cuentos populares  para bebés tratan sobre el riesgo a ser devorado, del hambre o, por el contrario, de la glotonería y los festines. En otras palabras, versan sobre la alimentación. Sin habladurías ni teorías, estos cuentos exploran todos los aspectos del acto de comer, de sus peligros y sus ventajas, de los problemas de la falta de comida y los problemas de la glotonería.
Los cuentos parecen decirnos: comer no es un acto banal e insignificante que únicamente responde a necesidades fisiológicas, es también una relación con el mundo, con el prójimo, con el propio cuerpo.  ¿ Qué supone la alimentación? ¿ Somos lo que comemos? ¿ Corro yo también el riesgo de ser comido? ¿ Es una amenaza la alimentación? Se trata de una relación ambivalente que todos los bebés experimentan a lo largo de su desarrollo; en ocasiones, les lleva a rechazar repentina y brevemente cualquier alimento y a mirarlos con desconfianza e incluso ansiedad, y en otras a adoptar una actitud voraz. Son preguntas e inquietudes que el bebé y, posteriormente, el niño debe plantearse, integrar y superar para adquirir finalmente una relación amistosa con la alimentación.

 

Hansel y Gretel: condenados a acabar " bien regordetes" para satisfacer el apetito de una bruja

Pensemos en el ejemplo de Hansel y Gretel, que traduce con humor e inteligencia esta ambivalencia básica de la alimentación. Pongámonos en situación: un niño y su hermana son abandonados en el bosque por sus padres, tan pobres que no pueden alimentarlos. Tras caminar y caminar sin rumbo fijo, los niños acaban por sorpresa ante una casa de chocolate. ¡ Todo (techo, paredes, ventanas y puertas) está hecho de chocolate! ¡ El paraíso de los golosos! Hansel y Gretel, atenazados por el hambre, dejan de lado la prudencia ante una invitación tan irresistible. Pero la casa resulta ser una trampa horrible: ¡ pertenece a una bruja que les ha atraído hasta allí para devorarlos!
Sin embargo, la misma glotonería que ha metido en problemas a los niños acabará por liberarles. La bruja cae en su propia trampa a causa de su avidez. Insaciable, va retrasando el momento de devorar a sus pequeños prisioneros porque no los considera suficientemente gordos para su gusto. Así pues, intenta cebarlos. Los niños aprovechan para engañar a la bruja, enseñándole cada mañana a través de los barrotes de su celda un hueso de pollo en lugar de su brazo. Posteriormente, consiguen que la bruja se caiga en su propio horno y se escapan no sin antes arrancar y devorar las puertas de chocolate. Para que la historia acabe bien del todo, los niños encuentran a sus padres y les muestran con orgullo el tesoro amasado por la vieja avara.

 

Los bebés deben comer " por ellos" y no para tener a sus papás " contentos"

Nuestros propios hijos son la viva imagen de Hansel y Gretel: son golosos y temen acabar devorados (en sentido figurado, claro está) por la persona que tanto quiere alimentarlos. No como por ti, ni para contentarte o tranquilizarte, nos dicen a su manera: ¡ mi hambre es mía! Para acabar con sus inquietudes, no nos convirtamos en la bruja de este cuento popular para bebés. Tomémonos con humor e indulgencia, incluso con distancia cuando el cansancio del día lo permita, su rechazo, provisional e arbitrario, a aceptar lo que les damos para comer.

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