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Cargar al bebé

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A los famosos les encanta pasear con sus hijos en brazos, como si los carritos no hubieran cruzado jamás las puertas de Hollywood. La palma se la llevan Brad Pitt y Angelina Jolie, que hacen gala de una infatigable dedicación como padres con dos o tres niños en brazos. ¿Qué nos dicen estas imágenes? Mira, somos padres, cumplimos nuestro cometido, asumimos nuestro papel y estamos muy contentos de hacerlo... Ternura y responsabilidad, estabilidad y complicidad, los padres famosos encarnan triunfalmente el ideal actual de la responsabilidad paterno-filial.

Lunes, Mayo 9th, 2016

Un asunto de mujeres En las sociedades tradicionales, cargar con un niño es una cuestión maternal, una prolongación del embarazo: el bebé permanece amarrado al cuerpo de su madre, casi tan estrechamente como cuando estaba en el interior del útero. Y no es que los padres no carguen nunca con sus hijos: en Asia, África y la Amazonia, muchos padres, tal como hace Brad, se pasean con sus hijos. Pero, al igual que Brad, lo hacen en brazos o sobre los hombros, y no ligados al cuerpo con un portabebés. Los brazos de papá son más ocasionales, más lúdicos, sirven para un rato, ofrecen más movilidad, pero no son un lugar para crecer y dormir como la bolsa de un canguro...

 


Las madres cargan con sus hijos más a menudo, continuamente en algunas sociedades, mientras realizan sus múltiples tareas diarias, para las cuales necesitan tener las manos libres; de ahí la invención de los portabebés. El motivo de esta situación es simple: la lactancia materna. Al contrario de lo que ocurre con la leche de ciertos mamíferos, que garantiza la ración de nutrientes necesaria para uno o más días y permite a la madre dedicar el tiempo a cazar, la leche de nuestra especie sólo alimenta al lactante durante unas horas. Cargar con el niño a cuestas permite una lactancia a demanda. En la mayoría de casos, la carga del niño termina con a la vez que se deja de dar el pecho, de modo que en casi todas las sociedades tradicionales el niño pasa sus dos primeros años de vida en estrecho contacto con el cuerpo de su madre.

 

¿Cómo cargan al bebé en otras culturas?

Esta relación entre la carga del bebé y gestación en la placenta se expresa en ocasiones de forma simbólica: en Ruanda, una misma palabra designa la placenta y la piel de cordero que sirve para fabricar el portabebés; los dogón de Malí tejen cintas azules que evocan al líquido amniótico en las bufandas que utilizan para cargar al niño; los indios ikas de Colombia representan símbolos de placenta en los portabebés...
El objeto utilizado para llevar al niño (bufanda, bolsa, cuna o cesta) es a menudo un objeto único, fabricado exclusivamente para un bebé, que no servirá para sus futuros hermanos o hermanas. Los padres, por poco que lo utilicen, participan activamente en la fabricación del portabebés. La elección del material empleado se medita largamente: los matis (Amazonas), por ejemplo, eligen con sumo cuidado el árbol cuyas fibras emplearán para el portabebés.
La singularidad del objeto, dedicado a un único individuo, pone de manifiesto el estrecho vínculo que existe entre el portabebés y la vida del propio bebé. Los sherpas del Nepal fabrican para cada niño una cuna nueva, una cesta trenzada cuadrada que se carga a la espalda y que se desecha al cabo de 2 años aproximadamente.

En China, los magníficos portabebés de tela acolchada y colores brillantes, pacientemente bordados durante meses, expresan, con cada motivo y cada color, significados simbólicos precisos: mariposas, patos, pájaros y flores para la felicidad; dragones y granadas para la fertilidad; flores de loto para la longevidad; hojas para la salud; serpientes como protección frente a las picadas de serpiente... Sin contar los paisajes evocadores del entorno en el que nace el niño, los signos que representan su sexo y su estatus social, etc.

El portabebés, protector por naturaleza, debe ahuyentar también a los malos espíritus, a cualquier energía negativa para la vida del bebé, y por ello suelen llevar algún tipo de sonajero: conchas, perlas, monedas, campanas, cuernos de gacela, huesos esculpidos, chapas de refrescos, botones... Con su tintín, el portabebés caza a los fantasmas y duerme al bebé como una nana.

 

Cunas, cestas, sacos... ¿Y carritos?

En países donde las condiciones climáticas son muy duras, el bebé, en lugar de ir enganchado al cuerpo de la madre, dispone en ocasiones de un pequeño habitáculo climatizado: los bebés siberianos viajan abrigados en cunas de corteza de abedul metidas en una especie de saco gigante de piel de reno cuyo aislamiento es tal que pueden apoyarse sobre el hielo sin que el bebé pase ningún frío. En Arabia Saudí o Yemen, el portabebés se parece a una bolsa de viaje que se lleva en bandolera. Hecho con piel de cordero o cabra pasada por azafrán y cúrcuma (para teñir y desodorizar la piel mojada por la orina) y cerrado con dos palos de madera, únicamente deja salir los pies del bebé, que viaja protegido de las tormentas de arena y el sol del desierto.
Siempre se ha preferido el saco, la cesta o la cuna, aunque tuvieran que engancharse a los flancos de un caballo para realizar largos desplazamientos, a los carros y otros vehículos de ruedas. El carrito es un invento reciente (siglo XIX) y occidental. Huelga decir que, en Occidente, no hemos sido muy ingeniosos en sistemas de transporte a cuestas de niños porque desde siempre ha existido la tendencia a dejarlos en el interior del hogar (de hecho, hasta el siglo XVIII se creía que el aire era peligroso para su salud).

Cuando hacía falta, los campesinos llevaban a los niños en una especie de cesta de madera atada a la espalda, aunque algunos no dudaban en hacer varios kilómetros con un pequeño colgado a cuestas.
La situación actual ya la conoces: ante la fantástica colección de carritos, a cual más ergonómico, de cuatro o tres ruedas, todoterreno o urbanos, transformables, con posiciones para todas las edades, etc., ¡lo más difícil es decidirse por uno! Los carritos son ergonómicos para el bebé, pero no tanto para sus padres, que deben enfrentarse a las infinitas escaleras del metro, a las estrechas puertas del autobús, a los dichosos escalones de las tiendas y a un sinfín de situaciones absurdas que les obligan a cargar con un carrito que pesa toneladas...
Así, pues, si la espalda te lo permite, ¿por qué de vez en cuando no llevas al niño contra tu cuerpo, como Angelina Jolie? ¡Es mucho más práctico en el transporte público!

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