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El llanto del bebé

 

Hacia los 4 o 5 meses, algunos bebés (aproximadamente el 20 %) lloran furiosa y misteriosamente a ratos a lo largo del día, normalmente a última hora de la tarde. No sabemos qué hacer, nos preocupamos, nos cansamos, etc.

Viernes, Julio 1st, 2016

¡Socorro, llora sin parar!

Ya ha comido, le hemos cambiado, le hemos acostado y, de repente, se pone a llorar. La fuerza de su voz nos deja sin palabras. Nos preocupamos mucho: se pone rojo, se mueve frenéticamente, parece furioso. No sabemos qué hacer ante el llanto de nuestro bebé y nada le tranquiliza.
Y la cosa dura toda la tarde, es lo que los especialistas denominan usando expresiones del tipo "disritmia vespertina", "síndrome de 5 a 9" o, simplemente, cólicos. Sin embargo, hay bebés que lloran por la mañana, bebés que lloran un rato durante la noche y bebés que no lloran casi nunca, hecho que causa desánimo en los padres de los que sí lloran. Suelen preguntarse: "¿pero qué he hecho?","¿será culpa mía?", "a ver si va a tener mal carácter", etc.
La situación degenera aún más cuando el entorno se inmiscuye: el padre, que haría mejor en callarse ("¿qué le pasa al niño?"), la madre de la madre, siempre dispuesta a aprovechar la situación ("lo tienes mal acostumbrado por cogerle siempre en brazos"), la otra abuela, siempre con los mismos diagnósticos y soluciones ("¿seguro que no tiene hambre?", déjalo que llore, es bueno para los pulmones"), y finalmente, el filósofo, que no puede faltar nunca ("ya se le pasará"). Seguro que acabas desolada y sin saber que hacer.
Te sentirás desorientada y sin saber qué contestar. Es normal, un bebé sigue siendo un desconocido durante sus primeros meses de vida. Sus formas de expresarse son limitadas, su vida acaba de empezar y no es fácil establecer un diálogo.

Los especialistas tienen opiniones diferentes

Ante el llanto desconsolado del bebé, algunos hablan principalmente de cólicos, que se pasan sobre los 4-5 meses de forma natural, al igual que los lloros. Los cólicos son calambres intestinales dolorosos. El sistema nervioso de los bebés aún no controla bien algunos movimientos intestinales. También puede ser una intolerancia pasajera a la lactosa. Para otros especialistas, no está relacionado con la digestión sino que la causa radica en un problema de relación del bebé con su madre, como un contratiempo durante el nacimiento. En este caso, las madres ansiosas se culpabilizan y se crea un círculo vicioso: la madre transmite su estrés al bebé y, éste, al llorar, angustia a su madre aún más. Y así sucesivamente.
Nacer supone cambiar radicalmente de universo y de sensaciones, pasar de la oscuridad a la luz, de un universo sonoro amortiguado a uno de ruidos que sobresaltan, de la saciedad total al hambre, de los fáciles movimientos en el líquido amniótico a la imposibilidad de moverse solo. No es de extrañar que las cosas que más calman a los bebés estén relacionadas con su vida uterina: el balanceo, el movimiento, los sonidos repetitivos y regulares, etc. Para ellos, el aspirador, el centrifugado de la lavadora, los viajes en coche, etc. son mágicos.

Para el lactante, gritar es cuestión de vida o muerte

Las observaciones llevadas a cabo en bebés y crías de primates reflejan la necesidad imperiosa de seguridad que éstos experimentan durante sus primeros meses de vida y muestran que, cuanto más seguro se sienta un bebé, más confianza tendrá en si mismo y en el mundo que le rodea cuando crezca.
Cuando nace, el bebé humano es el mamífero más indefenso, ni siquiera puede agarrarse a su madre como hacen los monitos. "Te queremos mucho y te vamos a cuidar": esto es lo que los padres quieren decir cuando cogen al bebé desconsolado en sus brazos. La psiquiatra infantil Françoise Dolto opina que los bebés más sensibles sufren estas crisis al separarse de sus madres. Consecuentemente, "hay que aconsejar a las madres que mantengan al bebé cerca del cuerpo el mayor tiempo posible". Cualquier contacto afectuoso ayudará al bebé a sentirse más seguro, ya sea por parte de su madre como de cualquier otra persona.
Además, los lloros y gritos demuestran la fortaleza y las ganas de vivir de los bebés. Los etnólogos observaron en los eipo, una tribu del Amazonas, el caso de una madre que renunció a abandonar a su niña recién nacida porque gritaba y gesticulaba con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo que volvía a cogerla en brazos manifestó: "esta niña es demasiado fuerte".

Con el tiempo todo se olvida, hasta los llantos del bebé

Después de 3-4 meses, los bebés disponen de más capacidades de expresión y movimiento, e interactúan más con lo que les rodea. Las tensiones se liberan de otra forma y se atenúan poco a poco, la etapa de las grandes crisis incomprensibles acaba por desaparecer.
Y los padres, que tienen mala memoria, tienden a olvidar este periodo oscuro y confuso. Por esta razón, cuando preguntas a tu madre: "Mamá, ¿yo lloraba tanto cuando era un bebé?", ella suele responder, tranquila y orgullosa: "Tú, ¿llorar? No, TÚ no llorabas NUNCA."

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